Lamiel
Lamiel En los últimos años del reinado de Carlos X, es decir, en 1828 o 1829, el doctor Sansfin era un pobre diablo de médico normando que, por todo capital, tenía un caballejo para hacer su servicio, dos perros y una escopeta, pues presumía de gran cazador. Para colmo de males, era jorobado y estaba muy avergonzado de su joroba, pues, además de que el cielo le había dado una vanidad por diez champeneses, se creía llamado a ser hombre de grandes éxitos con las mujeres. Sansfin ejercía todas sus pretensiones en un pueblo de Normandía bastante cerca de Avranches; le llamaremos Carville, para poder hablar mal de él con toda tranquilidad, y sin exponernos a las reclamaciones patéticas de algún burgués que viniera a hablarnos del honor de su padre, todo con la esperanza de ver su nombre impreso en algún periódico.
