Lamiel
Lamiel Así como Dominique no tiene más que la valentía y la virtud (ser útil con peligro propio), a Sansfin le dejaré únicamente el talento de monsieur Prévôt[8].
Como lo cómico depende del menor matiz de estilo, hacer un plan sería inútil; esto hay que hacerlo parte por parte; Dominique puede en cada momento dejarse llevar al talento de pintar (hasta con gracia, lo admito) sentimientos o paisajes; pero hacer esto es engañarse a sí mismo, es ser tan tonto como un alemán[9]; la risa no surge.
Sansfin no tiene más ventaja que el talento de Prévôt; la rabia de exhibir su joroba le impulsa a la acción.
Comienza con la caída delante de las lavanderas; después su temperamento de sátiro, su temperamento furioso le lleva a intentar conseguir a Lamiel.
Corrompe a Lamiel, que se hace poseer por un escudo (lamento que, después de describir yo esta idea, me la ha robado Léo, de monsieur de la Touche; no es culpa mía; quizá me quedará el colorido normando del astuto campesino que gana ese escudo; yo sólo he visto de Léo el resumen malévolo de monsieur de Balzac).
La vanidad, única pasión de Sansfin, la vanidad irritable e irritada le lleva a demostrar a Lamiel que puede seducir a la duquesa (modelo: la piccola Maja).