Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Sin decir palabra, para no dejar constancia de su agradecimiento, cosa que habría podido crearle algún compromiso, Boissaux aprovechó el consejo. Hubo bastantes cenas. Un día, según se sentaba a la mesa, Boissaux echó la cuenta con voluptuoso placer de que, aunque los comensales de aquella cena en Viroflay fueran solo once, juntaban entre todos un total de veintiséis millones y, entre dichos comensales, había un miembro de la Cámara Alta, un recaudador del Tesoro y dos diputados; y lo que le resultó de utilidad a Féder, el repartidor de consejos, es que su haber equivalía a cero en la suma de todas aquellas fortunas; y, además, era el único de la categoría del cero. Uno de los comensales, quien, antes bien, sumaba millón y medio a la citada cuenta, acababa de comprar esa misma mañana una estupenda biblioteca cuyos volúmenes tenían todos ellos los cantos dorados. No era hombre capaz de no mencionar compra tal: Bidaire llevaba desde por la mañana aprendiéndose más o menos de memoria los nombres de los principales autores que acababa de adquirir; recitó el catálogo empezando por los nombres de Diderot y del barón De Holbach, que pronunciaba acabado en ch.
—¡Se dice Holbac! —exclamó el miembro de la Cámara Alta, dándose toda la importancia de una ciencia recién adquirida.