Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Aquella vida era aparentemente deliciosa, y lo habría sido efectivamente para Féder si solo hubiera sentido por Valentine un simple gusto galante, cosa que a veces intentaba creerse; pero le tenía un miedo mortal a Delangle; e incluso, cuanto más tierno se notaba el corazón y más disfrutaba con fruición de aquella vida tan dulce, libre de toda sacudida y que colmaban las dulzuras de la más tierna amistad, más pavor le entraba cuando se le ocurría que bastaría con una palabra de un ser zafio y con todo el amor propio de su ingenio puesto en decirlo todo con la palabra más grosera, para derribar por entero aquel delicioso edificio de dicha. «Tengo que ganarme a Boissaux —se dijo—, y para eso tengo que resultarle útil; la sencillez de las cosas que digo y mi urbanidad desagradan, estoy seguro, a ese ser basto y que no ha adorado en la vida sino el dinero. Así que solo si tiene delante un resultado positivo, podrá perdonarme lo que, en mis modales parisinos, contraría su energía brutal. Ayer, sin ir más lejos, me fijé en él cuando aquel diputado de Lille se acercó a saludarnos durante el paseo: en cuanto un hombre no se dirige a él a voces o no le da una palmada en el hombro para demostrarle su amistad, se dice: “No cabe duda de que este petrimetre me desprecia”».