Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Aquel gasto, que le habrÃa parecido tan inútil a Boissaux cuando solo llevaba un mes en ParÃs, lo encontró decisivo Féder que llevaba quince dÃas observando y dudando. ¡Aconsejar a un millonario de provincias resulta tan peligroso! Pero, por otra parte, ¡la idea funesta que veÃa en Delangle era un peligro tan inminente!
Para que sus consejos no resultasen tan odiosos, Féder resolvió dárselos a Boissaux en tono grosero.
Como un nuevo rico no es hombre que desaproveche la mÃnima satisfacción vanidosa, estaba un dÃa Boissaux enseñándole a Féder, para que los admirase, los ochenta volúmenes nuevos, con los cantos bien dorados, que acababan de llegarle desde ParÃs.
—¡Qué error —le dijo Féder, con mirada terrible—, qué error, qué deplorable error! ¡Cuando tira asà el dinero a la calle al comprar esos libros es como si disfrutase destrozando la posición que querÃa yo proporcionarle!
—¿Qué quiere decir? —le interrumpió Boissaux con muy mal humor.
—¡Quiero decir que destroza la personalidad que querÃa darle! ¡Un hombre como usted, que tiene la fortuna que usted tiene y cuyo apellido podrÃa haber sonado en la buena sociedad! Y no lo quiere. Tira al suelo la escalera que podÃa llevarlo a la cumbre del edificio social. ¡Dios, y cuántas cosas ignora!
