Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Cuanto más loca de amor por Mayral veÃa Liéven a Leonor, más la idolatraba. Ella lloró mucho y él le besaba la mano. Cuando, pocos dÃas después, le estaba hablando con palabras encubiertas de su amor, ella le dijo:
—¿Puede usted creer, amigo mÃo verdadero, que me imagino que si pudiera probarle a Mayral que nunca intenté engañarlo ni reÃrme de él a lo mejor me querÃa?
—Tengo muy poco dinero —repuso Liéven—; me aburrÃa y me hice jugador, pero es posible que el banquero a quien me recomendó mi padre en Burdeos no me niegue de quince a veinte luises si voy a pedÃrselos; haré de todo, incluso cometer bajezas: con ese dinero podrá irse a ParÃs.
Leonor se le echó al cuello.
—¡Por Dios santo! ¡Ojalá pudiera quererlo a usted! ¿Cómo? ¿Podrá perdonar mis espantosas locuras?
—Tanto que me causarÃa el mayor deleite casarme con usted y con usted pasarÃa la vida como el más venturoso de los hombres.
—Pero, si vuelvo a ver a Mayral, siento que seré lo bastante loca y criminal para abandonarlo, a usted, a mi bienhechor, e ir a arrojarme a sus pies.
Liéven estaba rojo de ira.
—No hay sino un medio de curarme y es matarme —le dijo, cubriéndola de besos.