Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Fue a finales de 183… cuando el conde von Landek, general de división, regresó a KÅ“nigsberg, su patria; llevaba años con un empleo en el cuerpo diplomático prusiano. Llegaba en aquellos momentos de ParÃs. Era un hombre bastante bonachón que tiempo atrás, en la guerra, habÃa demostrado que era valiente; ahora estaba casi siempre asustado; temÃa no ser todo lo ocurrente que parece necesario para un cargo de embajador —el señor de Tayllerand echó a perder el oficio— y además creÃa que resultaba ocurrente si hablaba sin parar. El general von Landek tenÃa una forma más de destacar, y era el patriotismo; se ponÃa rojo de ira, por ejemplo, siempre que se topaba con el recuerdo de Jena[59]. HacÃa poco, al regresar a KÅ“nigsberg, dio un rodeo de más de treinta leguas para no pasar por Prenzlow, esa ciudad pequeña en donde un cuerpo de ejército prusiano depuso las armas ante unos cuantos destacamentos del ejército francés allá por la época de Jena.
Para el bueno del general, legÃtimo poseedor de siete cruces y dos medallas, el amor a la patria no consistÃa en hacer a Prusia feliz y libre, sino en vengarla por segunda vez de la fatal derrota que ya hemos mencionado.
