Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Aquella aburrida conversación no era sino una desabrida y tosca repetición de lo que sucede a diario en los salones más distinguidos de ParÃs; pueden verse allà a las personas que llevan los apellidos más insignes ponerle a su vanidad personal de poca monta la máscara de los elevados conocimientos legislativos. Tal exhibición de hipocresÃa podrÃa haber durado mucho aún; pero, por ventura, el coche se detuvo delante de Tortoni. La señora Boissaux, absorta en sus pensamientos, no querÃa bajarse.
—¿Y eso por qué? —exclamó de mal humor el vicepresidente del tribunal de comercio.
Valentine buscó un pretexto:
—Llevo un sombrero muy anticuado.
—Pues, cuerpo de Cristo, tire por la ventana el sombrero ese y cómprese otros dos; qué me va o me viene a mà gastarme en este viaje veinte mil doscientos francos o veinte mil cuatrocientos. Tengo una mujer bonita y quiero que me luzca; es parte del lujo de un hombre como yo.
Valentine bajó del coche y se cogió del brazo de su hermano.
