Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos «Su hermano me ha dicho que es piadosa; si dejo que adivine que me parece bonita, es capaz de prohibirme que la vea y de mantener luego esa determinación». Aquella ensoñación, aunque más bien era para asustarse, resultaba deliciosa y, sobre todo, muy nueva para Féder; lo sacó de ella la propuesta clara y concreta de que fuera a retratar a Valentine (fue la palabra que empleó Delangle) al Hôtel de La Terrasse en donde paraba. Aquella forma íntima de hablar le resultó tan deleitosa a Féder que, de entrada, accedió. Pero, un instante después, tuvo la prudencia de sacar a relucir miles de dificultades; lo que pretendía era que dijera algo Valentine; pero ella, por su parte, lo contemplaba con gran atención y no pudo sacarle sino monosílabos. Féder estaba tan absorto en ciertos detalles de los que no podía hablar que, mientras se resistía a retratar a Valentine fuera de su estudio, dijo dos o tres cosas absurdas que no le pasaron inadvertidas al señor Delangle; se inclinó hacia su hermana y le dijo:
—Está claro que está preocupado; estará en este salón alguna de sus conquistas.