Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Precisamente en aquella cena que dio un viernes el señor Boissaux para tener ocasión de poner en práctica esta estupenda forma de despedirse: «Perdón, señores, pero no me queda más remedio que dejarlos para acudir a una cita de negocios que tengo en mi palco de la Ópera», dos o tres de los comensales notaron perfectamente las miradas con las que la señora Boissaux le pedía a cada momento opinión a Féder de todos los temas de los que acababa de hablar. Féder no creía que fuera quebrantar sus juramentos de indiferencia el hecho de tomarse el trabajo de instruir a la mujer que amaba sobre todo lo que debía pensarse de las cosas de París. No habría querido, por nada del mundo, oírla repetir las ideas exageradas o, cuando menos, zafias que manifestaba el señor Boissaux en cualquier circunstancia.