Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo Solicitó el Sr. Beyle inspeccionar las posiciones de vanguardia sobre Ginebra. Convencióse así de lo que barruntaba, que no habría nada más fácil que tomarla. Viendo rechazada su idea y temiéndose traición, obtuvo licencia para regresar a París. Halló a los cosacos en Orléans. Fue allí donde desesperó de la patria, o por hablar con exactitud, donde vio que el Imperio había eclipsado a la Patria. Se estaba ya harto de la insolencia de prefectos y otros agentes de Napoleón. Llegó a París para ser testigo de la batalla de Montmartre y la imbecilidad de los ministros de Napoleón.
Vio la entrada del rey. Ciertos rasgos del Sr. de Blacas, de los que enseguida supo, le hicieron pensar en los Estuardo. Rechazó un puesto soberbio que el Sr. Beugnot tenía la bondad de ofrecerle. Se retiró a Italia. Llevó allí una vida dichosa hasta 1821, año en que le obligaron a dejar el país los arrestos de carbonari a manos de una policía imbécil, aun cuando no era uno de ellos. Que la malicia de los italianos, junta con su recelo, habíanle llevado a rehusar participar en sus secretos diciendo a sus amigos «cuenten conmigo llegada la ocasión».
En 1814, haciéndose su juicio de los Borbones, tuvo dos o tres días negros. Por pasarlos, buscóse un amanuense, a quien dictó a partir de una obra italiana una traducción corregida de las vidas de Haydn, Mozart y Metastasio, un volumen in-8.º de 1814.