Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo HE AQUÍ ahora otras compañías, contraste con las del capítulo precedente. En 1817 el hombre a quien más haya admirado por sus escritos, el único que haya provocado en mí una revolución, el señor conde De Tracy, vino a verme al hôtel d’Italie en la plaza Favart. Nunca he estado más sorprendido. Adoraba yo desde doce años atrás la Ideología de este hombre que un día será célebre. Se le había hecho llegar un ejemplar de la Historia de la Pintura en Italia.[72]
Pasó conmigo una hora. Tanto le admiraba que probablemente hice fiasco por exceso de amor. Nunca me he preocupado menos por resultar ocurrente o agradable. Estaba cerca de esa vasta inteligencia, la contemplaba asombrado; le pedía luces. Además, en esa época yo aún no sabía ser ocurrente.[73] Tal improvisación de un ánimo tranquilo no me llegó hasta 1827.
