Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo Veamos si haciendo examen de conciencia, pluma en mano, alcanzo algo positivo y que permanezca por largo tiempo verdadero para mí. ¿Qué pensaré de esto, que hoy me noto dispuesto a escribir, cuando hacia 1835, si es que vivo, lo relea? ¿Ocurrirá lo que a mis obras impresas? Siento una honda tristeza cuando, falto de otros libros, las releo.
Desde que pienso en ello, un mes hace, siento repugnancia a escribir para hablar sólo de mí, del número de mis camisas o los accidentes de mi amor propio. Por otra parte, me encuentro lejos de Francia;[*] tengo ya leído todo libro entretenido que haya entrado en este país. La entera disposición de mi corazón estaba en escribir una obra de imaginación sobre una intriga amorosa, ocurrida en casa vecina de la mía[11] en Dresde, en el agosto de 1813, pero los pequeños deberes de mi empleo me lo estorban a menudo, o por mejor decir, en cogiendo papel y pluma nunca puedo estar cierto de pasar una hora sin interrupciones. En mí, tan pequeña contrariedad sofoca de golpe toda imaginación. Cuando tomo de nuevo mi ficción, me disgusta aquello mismo que pensaba. A que responderá un sabio que es preciso vencerse a sí mismo. Y replicaré yo: demasiado tarde; tengo 49 años, y tras tanta aventura va siendo hora de pensar en acabar la vida lo menos mal posible.[12]
No era mi reparo principal la vanidad que hay en escribir uno su vida.