Rojo y blanco

Rojo y blanco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No había ya en él nada de la brillante seguridad de un hombre de moda; no pensaba ya en gustar al público, y si recordaba la existencia de este monstruo, lo hacía únicamente para temer sus reflexiones. ¿No era dicho público el que constantemente tenía en boca al señor Thomas de Busant? En vez de sostener su valor por medio de la acción, Luciano, en aquel momento crítico, tuvo la debilidad de reflexionar, de filosofar. Para justificarse de la debilidad y de la desdicha de amar, se decía que jamás había encontrado un rostro tan celestial; se entregaba al placer de reconocer los detalles de aquella belleza y su torpeza iba en aumento.

Bajo su mirada, la señora de Chasteller prometió una contradanza al señor d’Antin, cosa que él había pensado pedirle por lo menos hacía un cuarto de hora. «Hasta el momento presente —se dijo al ver cómo se llevaban a la señora de Chasteller—, la afectación, ridícula para mí, de las hermosas mujeres que haya podido encontrar, me ha servido de antídoto contra sus encantos. Esta perfecta frialdad de la señora de Chasteller se transforma, cuando se ve obligada a hablar o a actuar, en una gracia de la cual nunca pude tener ni idea».

Debemos de manifestar que durante aquellos razonamientos admirativos, Luciano, inmóvil y derecho como un poste, presentaba todo el aspecto de un estúpido.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker