Rojo y blanco
Rojo y blanco La señora de Constantin sabía que semejante especie de hombre es muy poco sensible a las gracias y encantos de una mujer hermosa. En aquellos momentos, lo que deseaba el señor Fléron era salir de una manera lo más brillante posible de las elecciones, y pasar a otra prefectura; los sarcasmos que le dirigía l’Aurore, el periódico liberal del señor pauthier, y las continuas alusiones a sus antiguas opiniones liberales, le habían desprestigiado completamente en el departamento, pues todo el mundo hablaba de ellas.
Suprimimos aquí ocho o diez páginas sobre los hechos y actitudes del señor Fléron durante la preparación de las elecciones; todos los detalles de la misma son ciertos, pero ciertos como el depósito de cadáveres, y ésta es una certeza, que dejamos para las novelas en tamaño dozavo, destinadas a ser leídas por las porteras. Regresamos a París, a la residencia del ministro del señor Fléron. En París, las maniobras de las personas que detentan el Poder son menos desagradables.