Rojo y negro
Rojo y negro De amor a mors va en latín poco.
Del amor pues se va a la muerte.
Y, primero, al ansia que muerde,
duelo, llanto y mal pesaroso.
Blasón de amor
Si Julien hubiera contado con algo de esa habilidad que tan gratuitamente se atribuía, habría podido congratularse a la mañana siguiente del efecto de su viaje a Verrières. Su ausencia había hecho que se olvidasen sus torpezas. Aquel día también estuvo bastante huraño: al acercarse el atardecer se le ocurrió una idea ridícula y la puso en conocimiento de la señora de Rênal con una intrepidez poco frecuente.
No bien estuvieron sentados en el jardín, y sin esperar a que hubiese oscuridad suficiente, Julien acercó los labios al oído de la señora de Rênal y, arriesgándose a comprometerla de forma atroz, le dijo:
—Señora, esta noche a las dos iré a su cuarto; tengo algo que decirle.
