Rojo y negro

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Capítulo XXIII. Sinsabores de un funcionario

Il placer di alzar la testa tutto l’anno è ben pagato da certi quarti d’ora che bisogna passar.[22]

CASTI

Pero dejemos a ese hombre pequeño con sus temores pequeños; ¿por qué ha dado empleo en su casa a un hombre cabal, siendo así que lo que necesitaba era un alma de criado? Debería saber elegir a sus sirvientes. El procedimiento habitual en el siglo XIX consiste en que cuando una persona poderosa y noble se topa con un hombre cabal lo mata, lo destierra, lo mete en la cárcel o lo humilla tanto que ese hombre comete la tontería de morirse del disgusto. Aquí, por casualidad, no es todavía el hombre cabal el que padece. La gran desgracia de las ciudades pequeñas de Francia y de los gobiernos electos, como el de Nueva York, es no poder olvidarse de que existen en el mundo personas como el señor de Rênal. En medio de una ciudad de veinte mil habitantes, esos hombres son los artífices de la opinión pública, y la opinión pública es terrible en un país donde existe la Carta[23]. Un hombre que posea un alma noble y generosa y haya sido amigo nuestro, pero que viva a cien leguas, nos calibra por la opinión pública de nuestra ciudad, que es obra de los necios que por mano del azar han nacido nobles, ricos y moderados. ¡Mal haya quien destaque!


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