Rojo y negro
Rojo y negro E serà mia colpa, se cosi è?
MAQUIAVELO[3]
«¡La verdad es que mi mujer tiene muy buena cabeza! —se decÃa al dÃa siguiente, a las seis de la mañana, el alcalde de Verrières según bajaba hacia el aserradero de maese Sorel—. Por más cosas que le haya dicho, para conservar la superioridad que me corresponde, no se me habÃa ocurrido que si no me quedo yo con ese curita Sorel, que, por lo que dicen, sabe latÃn como un ángel, al director del depósito de mendicidad, ese espÃritu inquieto, se le podrÃa ocurrir efectivamente la misma idea que a mà y quitármelo. ¡Con qué tono de suficiencia hablarÃa del preceptor de sus hijos!… Ese preceptor, cuando me pertenezca, ¿llevará sotana?»
El señor de Rênal estaba absorto en esa duda cuando vio de lejos a un aldeano, un hombre de cerca de seis pies, quien, ya desde al alba, parecÃa muy atareado midiendo unas piezas de madera que estaban, a lo largo de la corriente del Doubs, en el camino de sirga. El aldeano no pareció alegrarse mucho al ver que se acercaba el señor alcalde, pues las piezas de madera no dejaban pasar por el camino e infringÃan las ordenanzas.
