Rojo y negro
Rojo y negro El movimiento de los ojos, por ejemplo, le dio mucho que hacer. No sin motivo se lleva, en esos sitios, la vista baja. «¡Qué presuntuoso era en Verrières! —se decía Julien—; creía que estaba viviendo y solo me estaba preparando para la vida. Ahora estoy por fin en el mundo tal y como me lo encontraré hasta el final de la representación de mi papel, rodeado de enemigos de verdad. Qué inmensa dificultad —añadía— supone esta hipocresía de cada minuto; deja tamañitos los trabajos de Hércules. El Hércules de los tiempos modernos es Sixto V, que estuvo quince años seguidos engañando, con su modestia, a cuarenta cardenales que lo habían conocido despierto y altanero toda su juventud.