Rojo y negro
Rojo y negro El tiempo presente, santo cielo, es el arca del Señor. ¡Desventurado quien la toque!
DIDEROT[27]
El lector tendrá a bien permitirnos que refiramos muy pocos hechos claros y concretos de esta época de la vida de Julien. No es que carezcamos de ellos, antes bien; pero es posible que lo que vio en el seminario sea demasiado negro para el color moderado que hemos intentado que se conserve en estas hojas. Los contemporáneos, a quienes hacen padecer ciertas cosas, no pueden recordarlas sino con espanto que deja paralizado cualquier otro placer, incluso el de leer un cuento.
Julien tenía poco éxito en sus intentos de ser hipócrita en los gestos; tuvo momentos de asco, e incluso de desaliento total. No salía adelante con bien, y encima en una carrera detestable. El mínimo recurso llegado de fuera habría bastado para devolverle el coraje, la dificultad que había que vencer no era tan grande; pero estaba solo como una barca abandonada en medio del océano. «Y aunque saliera adelante —se decía—, ¡tener que pasar toda la vida en tan mala compañía! ¡Unos glotones que no piensan sino en la tortilla de tocino que se zamparán en el almuerzo, o unos padres Castanède para quienes no hay crimen demasiado aborrecible! Llegarán al poder, pero ¡a costa de qué, santo Dios!
