Rojo y negro
Rojo y negro Varios seminaristas jóvenes tenÃan colores más lozanos y podÃan parecer más agraciados que Julien, pero él tenÃa las manos blancas y no podÃa ocultar ciertos hábitos de aseo exquisito. Esa ventaja no era tal en la triste casa donde lo habÃa arrojado la suerte. Los campesinos sucios entre los que vivÃa declararon que era de costumbres muy relajadas. Tememos cansar al lector con el relato de las mil desventuras de nuestro héroe. Por ejemplo, los más vigorosos de entre sus compañeros quisieron adoptar el hábito de pegarle; no le quedó más remedio que armarse de un compás de hierro y anunciar, aunque por señas, que pensaba usarlo. Las señas no pueden aparecer en el informe de un espÃa con tanto provecho como las palabras.