Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aquel rechazo a comer con los criados no era espontáneo en Julien; para alcanzar la fortuna habría hecho cosas mucho más penosas. Tomaba esa repugnancia de las Confesiones de Rousseau. Era el único libro en que hallaba apoyo su imaginación para figurarse el mundo. Ese, la recopilación de los boletines del ejército napoleónico y el Memorial de Santa Elena eran sus tres libros de cabecera. Habría dado la vida por esas tres obras. Nunca creyó en ninguna otra. Por citar una frase del anciano cirujano mayor, consideraba que todos los demás libros del mundo eran unos embusteros y los habían escrito unos pérfidos para medrar.

Junto con un alma ardiente, Julien tenía una de esas memorias pasmosas que tantas veces van unidas a la simpleza. Para ganarse al anciano padre Chélan, del que veía claramente que dependía su porvenir, se había aprendido de memoria el Nuevo Testamento entero en latín; se sabía también el libro Sobre el papa del señor de Maistre, y creía igual de poco en los dos.

Como de mutuo acuerdo, Sorel y su hijo evitaron hablarse ese día. Al anochecer, Julien fue a que le diera el párroco la clase de teología, pero no le pareció prudente decirle nada de la peculiar propuesta que le habían hecho a su padre. «A lo mejor es una trampa —se decía—; tengo que hacer como si se me hubiera olvidado.»


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker