Rojo y negro

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Capítulo VII. Un ataque de gota

Y ascendí, no por mérito propio, sino porque mi señor tenía gota.

BERTOLOTTI

Puede extrañar al lector este tono libre y casi amistoso; se nos ha olvidado decir que el marqués llevaba seis semanas sin poder salir por un ataque de gota.

La señorita de La Mole y su madre estaban en Hyères, en casa de la madre de la marquesa. El conde Norbert no veía a su padre sino breves momentos; se llevaban muy bien, pero no tenían nada que decirse. El señor de La Mole tuvo que contentarse con Julien, y se asombró de hallar en él ideas. Le mandaba que le leyera los periódicos. No tardó el joven secretario en estar en condiciones de escoger los párrafos interesantes. Había un periódico nuevo que el marqués aborrecía; había jurado no leerlo nunca y hablaba de él a diario. Julien se reía. El marqués, irritado con los tiempos presentes, pidió que le leyese a Tito Livio; la traducción improvisada del texto latino le resultaba divertida.

Un día, el marqués le dijo con ese tono de cortesía excesiva que a veces impacientaba a Julien:


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