Rojo y negro
Rojo y negro La necesidad de ansiedad, así era el carácter de la hermosa Margarita de Valois, mi tía, que no tardó en casarse con el rey de Navarra, a quien vemos ahora reinar en Francia con el nombre de Enrique IV. En la necesidad del juego consistía todo el secreto de aquella princesa afable; de ahí sus riñas y sus reconciliaciones con sus hermanos desde los dieciséis años. Ahora bien ¿qué puede jugarse una muchacha? Lo más valioso que tiene: su reputación, la consideración de toda su vida.
Memorias del duque de Angulema, hijo natural de Carlos IX
«Entre Julien y yo no hay ni firma de contrato ni notario; todo es heroico; todo será hijo del azar. Si exceptuamos la condición de noble, de la que carece, es el amor de Margarita de Valois por el joven La Mole, el hombre más distinguido de su tiempo. ¿Acaso tengo yo la culpa si los jóvenes de la corte son tan partidarios de lo pertinente y se ponen pálidos solo con pensar en la mínima aventura que resulte algo singular? Un breve viaje a Grecia o a África es para ellos el colmo del atrevimiento, y, además, solo saben andar en tropel. Apenas se ven solos, le tienen miedo no a la lanza del beduino, sino al ridículo, y ese miedo los vuelve locos.
