Rojo y negro
Rojo y negro A las cinco, Julien recibió la tercera carta; la lanzaron desde la puerta de la biblioteca. La señorita de La Mole salió huyendo otra vez. «¡Qué manÃa de andar escribiendo, siendo asà que podemos hablar con tanta comodidad! —se dijo, riéndose—. El enemigo quiere tener cartas mÃas, está claro. ¡Y varias!» No se apresuraba a abrir esta. «Más frases elegantes», pensaba. Pero se puso pálido al leerla. Solo tenÃa ocho lÃneas:
Necesito hablarle; tengo que hablar con usted esta noche; cuando dé la una de la madrugada, esté en el jardÃn. Coja la escalera grande del jardinero, junto al pozo; póngala pegada a mi ventana y suba a mi habitación. Hay luna llena; pero qué más da.