Rojo y negro
Rojo y negro ¡Ay, qué cruel es el intervalo entre un magno proyecto ya concebido y su ejecución! ¡Cuántos errores inútiles! ¡Cuántas indecisiones! Se trata de la vida. Se trata de algo de mucha mayor importancia: ¡del honor!
SCHILLER
«Esto se está poniendo serio… —pensó Julien—. Y se pasa un poco de evidente —añadió, tras reflexionar—. ¡Cómo! Esa hermosa señorita puede hablarme en la biblioteca con una libertad que, a Dios gracias, es completa; el marqués, por miedo a que le enseñe las cuentas, no viene nunca. ¡Cómo! El señor de La Mole y el conde Norbert, los únicos que entran aquÃ, se pasan fuera casi todo el dÃa; es fácil observar cuándo regresan al palacio ¡y la sublime Mathilde, para cuya mano un prÃncipe soberano no serÃa demasiado noble, quiere que cometa una imprudencia abominable!
»Está claro, o quieren perderme o, al menos, quieren reÃrse de mÃ. Primero quisieron perderme con mis cartas; han resultado prudentes; ¡asà que necesitan una acción más clara que la luz del dÃa! ¡La verdad es que esos caballeritos tan atildados me creen o muy necio o muy fatuo! ¡Diablos! ¡Con una luna llena espléndida subir asà una escalera hasta un primer piso que está a veinticinco pies de altura! Tendrán tiempo sobrado de verme hasta desde los palacetes vecinos. ¡Bonita facha voy a tener subido a esa escalera!»
