Rojo y negro
Rojo y negro Tan bien supo apañárselas Julien que, menos de un mes después de haber llegado a la casa, hasta el mismísimo señor de Rênal lo respetaba. Como el párroco estaba reñido con el señor de Rênal y con Valenod nadie pudo irse de la lengua en lo referido al pasado entusiasmo de Julien por Napoleón: y él ya solo lo mencionaba con espanto.