Rojo y negro
Rojo y negro Y ¡me lo confiesa! Y ¡me cuenta con detalle hasta las mínimas circunstancias! ¡En esos ojos suyos tan hermosos, clavados en los míos, se lee el amor que sintió por otro!
SCHILLER
La señorita de La Mole, arrobada, no pensaba sino en la dicha de haber estado a punto de que la matasen. Llegaba incluso a decirse: «Es digno de ser mi dueño, puesto que ha estado a punto de matarme. ¿A cuántos apuestos jóvenes de la alta sociedad habría que fundir juntos para conseguir un arrebato de pasión así?
»¡Hay que reconocer que estaba encantador cuando se subió a la silla para volver a colgar la espada precisamente en la posición pintoresca que le dio el tapicero y decorador! A fin de cuentas no ha sido tan gran locura amarlo.»
