Rojo y negro
Rojo y negro Pues todo cuanto cuento, lo he visto; y, aunque haya podido equivocarme al verlo, no me equivoco, desde luego, al referÃrselo a usted.
Carta al autor
El marqués lo mandó llamar. El señor de La Mole parecÃa más joven, le brillaban los ojos.
—Vamos a hablar de esa memoria suya —le dijo a Julien—. ¡Dicen que es prodigiosa! ¿PodrÃa aprenderse de memoria cuatro páginas e ir a Londres a recitarlas? Pero ¡sin cambiar ni una sola palabra!
El marqués estaba arrugando entre las manos con mal humor el número de ese dÃa de La Quotidienne e intentaba en vano disimular una expresión muy seria y que Julien nunca le habÃa visto, ni siquiera cuando hablaban del pleito Frilair.
Julien tenÃa ya suficiente mundo para saber que debÃa aparentar que lo engañaba por completo el tono intrascendente que adoptaban ante él.
—Es posible que ese número de La Quotidienne no sea muy entretenido; pero, si el señor marqués me lo permite, tendré mañana el honor de recitárselo entero.
—¡Cómo! ¿Incluso los anuncios?
—Con toda exactitud y sin que falte ni una palabra.
