Rojo y negro
Rojo y negro —Basta ya de verdades desagradables —dijo con tono de suficiencia un personaje solemne que en apariencia debÃa de ocupar un alto rango en la jerarquÃa eclesiástica, porque el señor de La Mole sonrió con agrado en vez de enfadarse, lo que fue una señal muy reveladora para Julien—. Basta ya de verdades desagradables; recapitulemos, señores; no vendrÃa a cuento que el hombre a quien hay que cortarle una pierna gangrenada le dijera al cirujano: «Esta pierna enferma está sanÃsima». PermÃtanme la expresión, señores: el noble duque de… es nuestro cirujano…
«Por fin se ha pronunciado la palabra magna —pensó Julien—; hacia… iré al galope esta noche.»