Rojo y negro

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Capítulo XXIV. Estrasburgo

¡Fascinación! Del amor tienes toda la energía, todo su poder para sentir la desdicha. Solo sus placeres deliciosos, sus dulces goces están más allá de tu esfera. No podía decir, viéndola dormida: ¡es toda mía, con su hermosura de ángel y sus dulces flaquezas! Hela aquí entregada a mi poder, tal y como la hizo el cielo en su misericordia para deleitar el corazón de un hombre.

Oda de SCHILLER

Al verse obligado a pasar ocho días en Estrasburgo, Julien intentaba distraerse con pensamientos de gloria militar y entrega abnegada a la patria. ¿Estaba enamorado? No lo sabía, se limitaba a encontrarse en su alma atormentada con Mathilde como dueña absoluta tanto de su felicidad cuanto de su imaginación. Necesitaba toda la energía de su carácter para situarse por encima de la desesperación. Pensar en lo que no tuviera relación con la señorita de La Mole estaba fuera de su alcance. La ambición y los simples éxitos de la vanidad lo distraían, tiempo atrás, de los sentimientos que la señora de Rênal le había inspirado. Mathilde lo había absorbido todo; la veía por todas partes en el futuro.

En ese futuro Julien veía por todas partes la falta de éxito. Ese hombre que vimos en Verrières tan rebosante de presunción, tan orgulloso, había caído en un exceso de modestia ridículo.


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