Rojo y negro

Rojo y negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CapĂ­tulo XXVII. Los mejores cargos de la Iglesia

¡Servicios! ¡Talento! ¡Méritos! ¡Bah! Haceos de una camarilla.

TELÉMACO

Pensar en un obispado se unía así por primera vez con pensar en Julien en la cabeza de una mujer a quien, antes o después, le correspondería repartir los mejores cargos de la Iglesia de Francia. Este provecho no había emocionado en absoluto a Julien; en ese momento no elevaba el pensamiento a nada que fuera ajeno a su actual desdicha: todo la hacía ir a más, por ejemplo, ahora le resultaba insoportable ver su habitación. Por la noche, cuando volvía, vela en mano, todos los muebles y todos los adornos menudos le parecía que cobraban voz para anunciarle con acritud algún detalle nuevo de su desdicha.

«Hoy tengo trabajos forzados —se dijo al entrar y con unos ánimos que no tenía hacía tiempo—: esperemos que la segunda carta sea tan aburrida como la primera.»

Lo era más aún. Lo que copiaba le parecía tan absurdo que acabó por transcribirlo línea a línea sin pensar en lo que decía.

«Es todavía más enfático —se decía— que los documentos oficiales del tratado de Münster que mi profesor de diplomacia me mandaba copiar en Londres.»


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker