Rojo y negro
Rojo y negro As the blackest sky
foretells the heaviest tempest.[74]
Don Juan, canto I, estrofa 73
Con todos estos arranques, Julien estaba más atónito que feliz. Los insultos de Mathilde le demostraban cuán sabia era la polÃtica rusa. «Hablar poco, actuar poco, esa es mi única salvación.»
Levantó del suelo a Mathilde y, sin decir palabra, volvió a sentarla en el sofá. Poco a poco se fue adueñando de ella el llanto.
Por hacer algo, tomó en las manos las cartas de la señora de Fervaques; iba rompiendo los sellos despacio. Hizo un ademán nervioso muy evidente al reconocer la letra de la mariscala. Daba vueltas, sin leerlas, a las hojas de esas cartas; la mayorÃa era de seis páginas.
—Respóndame al menos —dijo al fin Mathilde con el tono de voz más suplicante que darse pueda, pero sin atreverse a mirar a Julien—. Bien sabe que soy orgullosa; es la desdicha de mi posición e incluso de mi carácter, lo reconozco. Asà que la señora de Fervaques me ha arrebatado su corazón… ¿Ha hecho por usted todos los sacrificios a los que a mà me ha arrastrado este amor fatal?
Julien le dio por toda respuesta un silencio hosco. «¿Con qué derecho me pide una indiscreción indigna de un hombre de bien?», pensaba.
