Rojo y negro
Rojo y negro Then there were sighs, the deeper for suppression,
and stolen glances, sweeter for the theft:
and burning blushes, though for no transgression.[9]
Don Juan, canto I, estrofa 74
La angelical dulzura que la señora de Rênal debía a su carácter y a su actual felicidad solo se alteraba un tanto cuando se paraba a pensar en su doncella Élisa. Aquella muchacha recibió una herencia, fue a confesarse con el padre Chélan y le confesó también el proyecto de casarse con Julien. El párroco se alegró muy sinceramente de la suerte de su amigo; pero se llevó una sorpresa mayúscula cuando Julien le dijo con expresión resuelta que el ofrecimiento de la señorita Élisa no podía convenirle en modo alguno.
