Rojo y negro
Rojo y negro El país recordará mucho tiempo este famoso juicio. El interés por el acusado llegaba a ser causa de agitación; y es que, aunque su crimen fuera asombroso, no era, sin embargo, atroz. Y aunque lo hubiera sido, ¡era un joven tan guapo! Las bienandanzas de su vida, que tan poco le habían durado, enternecían más. ¿Lo condenarán?, les preguntaban las mujeres a los hombres a quienes conocían, y se las veía palidecer mientras esperaban la respuesta.
SAINTE-BEUVE
Amaneció por fin el día que tanto temían la señora de Rênal y Mathilde.
Crecía su terror con el aspecto anómalo de la ciudad, que no dejaba de inmutar incluso el ánimo firme de Fouqué. Toda la provincia había acudido a Besançon para presenciar cómo juzgaban esa causa novelesca.
Ya no quedaba sitio en las posadas desde hacía días. Al señor presidente del tribunal lo perseguían con peticiones de pases; todas las señoras de la ciudad querían asistir a la vista; pregonaban por las calles el retrato de Julien, etc., etc.
