Rojo y negro
Rojo y negro »Secundo: se me está olvidando vivir y amar, siendo así que me quedan tan pocos días de vida… ¡Ay, la señora de Rênal está ausente! Quizá su marido no deja que vuelva a Besançon y siga perdiendo la honra.
»Eso es lo que me tiene aislado y no la ausencia de un Dios justo, bueno, todopoderoso, que no fuese malo ni estuviese ávido de venganza…
»¡Ah, si existiera!… ¡Ay, caería a sus pies! He merecido la muerte, le diría; pero, Dios grande, Dios bueno, Dios inteligente, ¡devuélveme a la que amo!»
Ya estaba muy entrada la noche; tras una hora o dos de sueño apacible, llegó Fouqué.
Julien se notaba fuerte y resuelto como hombre que ve con claridad dentro de su alma.