Carrie
Carrie Las llamas aún bailan entre las ruinas de Chamberlain cuando la noticia se expande como un virus. El pueblo, arrasado. Docenas de muertos. La escuela, una tumba de humo. Las autoridades no encuentran respuestas lógicas. No pueden explicar por qué una adolescente sin antecedentes destruyó media ciudad.
Pero algunos saben. Algunos vieron. Algunos sobrevivieron con la imagen de Carrie White grabada a fuego en sus retinas.
Sue Snell, entre ellos.
Interrogada por la policía, por psicólogos, por reporteros, cuenta lo que puede. Habla de la humillación en las duchas, del plan de Chris Hargensen, de la coronación. Pero cuando menciona la telequinesis, las miradas cambian. Le dicen que está confundida. Traumada. Que su mente creó fantasías para justificar el horror.
Pero Sue recuerda. Recuerda los ojos de Carrie en su último aliento. La conexión mental. El torrente de emociones, pensamientos, visiones. Lo sintió todo: la vergüenza, la furia, el hambre de justicia.
Mientras tanto, aparecen informes. Recortes de periódicos. Fragmentos de diarios. Declaraciones de testigos. Todos hablan de lo mismo: luces que parpadeaban, objetos que se movían solos, explosiones sin causa. Todo apunta a un fenómeno. Algo imposible. Algo humano… y no.
