Carrie
Carrie En el otro extremo, Sue Snell, testigo de la humillación, se ve envuelta en una creciente culpa. La imagen de Carrie, cubierta de sangre, atrapada en un cÃrculo de risas crueles, no la deja dormir. Sue decide hacer algo impensado: le pide a su novio, Tommy Ross, que invite a Carrie al baile de graduación. —No es una broma —le dice con firmeza—. Quiero que tenga al menos una noche donde se sienta como una chica normal.
Tommy, desconcertado pero conmovido, acepta.
Carrie, mientras tanto, camina por el filo de una transformación. Ya no es solo la chica invisible, la carne de cañón. Empieza a experimentar con su poder. Prueba su alcance. Levanta objetos, mueve cerraduras, quiebra espejos. En secreto, se entrena.
Cuando Tommy la invita al baile, Carrie cree al principio que es una burla más. Pero él insiste con sinceridad. Ella duda, se esconde, intenta consultarlo con su madre. Margaret, al enterarse, entra en cólera.
—¡No irás a ese antro de lujuria y pecado! ¡No te mezclarás con los hijos de Belial!
Pero Carrie, por primera vez, se planta. Su voz no tiembla. Su mirada ya no baja. Frente a los gritos, responde con una orden silenciosa. Un cuadro religioso vuela por la habitación y se estrella contra la pared. Margaret, temblorosa, reza.
Carrie ha cambiado.
