Cujo
Cujo Una noche, llueve. Por fin. Donna abre la boca al cielo, recoge gotas en su camiseta, deja que Tad beba de la tela mojada. Es una tregua breve. Cujo no se aleja, pero no ataca. No todavÃa.
—¿Cuánto falta, mamá?
—Muy poco, mi amor. Aguanta.
Pero el reloj no se detiene. Y el monstruo no se cansa.
La policÃa encuentra el coche. Vic llega justo detrás. Ven a Cujo. Ven la sangre. Lo entienden todo en un segundo.
El final está cerca. Cujo, en su delirio final, se lanza una vez más.
La calma es un cuchillo esperando a caer.
La lluvia cesó. El sol volvió con más furia. Tad ya no responde. Donna lo sacude, lo llama, lo suplica. Pero su cuerpo está inerte. Su hijo se apaga.
Algo estalla dentro de ella.
Cujo duerme cerca del porche, jadeando. No hay oportunidad. Solo rabia. Donna abre la puerta del coche como una explosión. Cujo se lanza. Ella no retrocede.
—¡Maldito seas! —grita, blandiendo la llave inglesa.
