Cujo
Cujo Vic sostiene a Donna. Ambos tiemblan. Ambos perdieron algo más que un hijo.
Y sin embargo, el mundo sigue.
La ambulancia se lleva a Donna. A Vic. Al cuerpo de Tad, cubierto con una manta. Pero el verdadero peso viaja con ellos, invisible, hundiéndolos más que la gravedad.
En el hospital, Donna despierta con vendajes. Se mueve, pregunta. Los médicos no le responden con palabras. Solo con miradas. Vic entra. Sus ojos están enrojecidos.
—¿Y Tad?
Silencio.
—¿Está bien?
Vic la toma de la mano, despacio, como si temiera romperla.
—No… no lo logró.
Donna cierra los ojos. No grita. No llora. El dolor es una caverna dentro de ella. Un pozo seco que ya no puede derramar nada.
El caso se vuelve noticia. Un perro rabioso. Una mujer que sobrevivió dÃas atrapada. Un niño muerto por deshidratación. La prensa llega, pero Castle Rock guarda distancia. No por respeto. Por miedo. Nadie quiere hablar de Cujo.
