Duma Key
Duma Key Edgar no podía moverse. El aire de la habitación se volvió denso, eléctrico. La figura en la esquina seguía allí, inmóvil, un borrón de sombra y piel pálida. No tenía rostro, pero Edgar sentía sus ojos.
Entonces, la figura sonrió.
Y desapareció.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Se levantó de golpe, tambaleándose hasta el interruptor de la luz. La habitación se iluminó, pero seguía sintiendo su presencia.
Algo estaba fuera de control.
Algo se había liberado.
Agarró su teléfono con la única mano que tenía y marcó a Wireman.
—Ven a Big Pink. Ahora.
—¿Qué pasa?
—Ella está aquí.
Wireman llegó diez minutos después. Parecía más viejo de lo que Edgar lo había visto nunca.
—Dime qué viste.
Edgar le contó todo: la sombra en la esquina, la sonrisa, la sensación de ser observado incluso después de que desapareciera. Wireman asintió con gravedad.
—No podemos esperar más. Tenemos que ir al lugar donde empezó todo.
—¿Dónde?
