Duma Key
Duma Key —Perse.
Ese nombre. Otra vez.
Edgar sintió una corriente helada recorrerle la espalda.
—¿Quién es?
—No quién —susurró ella—. Qué.
En ese momento lo supo. La isla no solo lo miraba.
Lo estaba usando.
Edgar intentó dejar de pintar. Lo intentó de verdad.
Pero no pudo.
El arte no era suyo. Flotaba en su cabeza como un eco que no podÃa ignorar. Cada vez que intentaba resistirse, su brazo fantasma lo torturaba con un dolor insoportable. Como si algo dentro de él gritara para ser liberado.
Asà que se rindió.
Pasó dÃas enteros encerrado en Big Pink, dibujando y pintando como un hombre poseÃdo. Paisajes de Duma Key, rostros que no reconocÃa, figuras atrapadas en sombras. Su mano se movÃa con una precisión imposible, como si alguien más la guiara.
Y entonces comenzaron las cosas extrañas.
Un dÃa, Wireman entró en su casa con una expresión tensa.
—Tienes que ver esto, amigo.
