El resplandor
El resplandor Cuando salió, Jack ya no era Jack. Era el cuidador. Era la voluntad del hotel hecha carne. Tomó el martillo y subió las escaleras.
Danny despertó en medio de la noche con un grito silencioso.
—Viene por nosotros.
El Overlook había cruzado el umbral. Ya no se contentaba con asustar. Quería sangre.
Y Jack Torrance estaba listo para dársela.
Jack se deslizaba por los pasillos como un huésped más. El martillo de roque, pesado y firme en su mano, marcaba el compás de su descenso. Cada paso lo alejaba del padre, del esposo, del escritor. Cada pensamiento era una resonancia del Overlook, susurrándole en todas direcciones que la solución era simple: limpiar el hotel. Limpiarlo de su familia.
Wendy barricó las puertas, arrastró muebles, se armó con un cuchillo. Sabía que Jack vendría. Y cuando llegó, no hubo conversación, solo una figura ensangrentada empujando la puerta, gritando su nombre como una maldición.
—¡Wendy, abre esta maldita puerta!
