El resplandor
El resplandor Jack empezó a hablar con él. A contarle sobre Wendy, sobre Danny, sobre su fracaso como escritor, como hombre. Y Lloyd siempre respondía con comprensión y más bourbon.
Wendy notaba los cambios. Jack estaba más irritable, más errático. Hablaba solo. Pasaba horas sin aparecer. Cuando le preguntaba qué escribía, él solo respondía:
—Trabajo. Necesito trabajar. Déjame en paz.
Una noche, Wendy encontró la máquina de escribir encendida. Había cientos de hojas a su alrededor. Tomó una al azar. Todas decían lo mismo, una y otra vez:
“All work and no play makes Jack a dull boy.”
Solo eso. Cientos de veces.
Danny, guiado por su resplandor, se adentró en la habitación 217. Lo que vio lo dejó mudo. Una mujer muerta. Hinchada, verdosa, levantándose de la bañera, acercándose con los brazos extendidos. Él gritó. Y el hotel lo escuchó.
Afuera, la tormenta no cesaba. El aislamiento era total.
Dentro, algo había despertado.
Y no volvería a dormir.
