El visitante
El visitante Holly Gibney también lo sabía.
—No tenemos pruebas de que se haya ido —dijo ella, semanas después, sentados en su despacho de Finders Keepers.
—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Ralph.
Holly guardó silencio un momento, luego deslizó un sobre manila por la mesa.
—Este crimen ocurrió hace seis años en Texas. Mismo modus operandi. Mismo perfil. El hombre que arrestaron juró que nunca estuvo allí, y luego murió en prisión.
Ralph hojeó los documentos. Una sensación de deja vú le recorrió la espalda.
—¿Y qué quieres decir con esto?
Holly sostuvo su mirada.
—Que esto ya ha pasado antes.
Ralph sintió un escalofrío.
—¿Y si vuelve a pasar?
Holly respiró hondo.
—Entonces, tenemos que estar listos.
Él asintió lentamente.
No había cuerpo. No había certeza.
Solo una sensación de que el monstruo, de una forma u otra, encontraría una manera de regresar.
Esa noche, Ralph soñó con la cueva.
En su sueño, el túnel no estaba colapsado. Estaba abierto.