En la hierba alta
En la hierba alta La historia se reescribe una vez más. Una nueva familia se acerca, guiada por la compasión y el engaño. Pero esta vez hay una grieta en el ciclo. Un personaje olvidado, casi accesorio, reaparece: Freddy, el hermano de Ross, que busca a su sobrino desaparecido desde hace meses.
Freddy encuentra el coche abandonado, las señales intactas, y los rastros desdibujados. No oye voces, pero su intuición —algo roto en su interior desde que Ross desapareció— lo arrastra hacia la hierba. No grita. No corre. Entra sabiendo que podrÃa no salir.
Dentro, el campo se mueve como siempre, pero con una resistencia inesperada. La hierba no lo engaña tan fácilmente. Quizás porque Freddy no entra por altruismo ni inocencia. Entra con culpa. Con el deseo de corregir algo.
Ve cosas. Sombras. Ecos. A Ross, muerto y vivo al mismo tiempo, arrastrando sus pies como un penitente. A Becky, inmóvil bajo tierra, con la hierba floreciendo sobre su tumba. A Cal, loco, mudo, con el niño en brazos, repitiendo palabras que no entiende. Y en el centro, la piedra, ahora más oscura que nunca, latiendo con hambre.
Freddy no se deja tentar. No toca la piedra. Solo observa. Escucha. Y espera.
