Misery
Misery El cuerpo le temblaba. El sudor empapaba sus sábanas. Su mente ardÃa con alucinaciones. Pero cada dÃa que pasaba sin el Novril, recuperaba un poco más de control.
Annie notó el cambio.
—Estás más pálido de lo normal —dijo una noche, frunciendo el ceño.
Paul se encogió de hombros.
—Debe ser el esfuerzo de escribir tanto.
—Oh, mi querido, no te esfuerces demasiado —susurró, acariciándole el cabello—. Pero si lo haces, hazlo por Misery.
Paul sonrió.
—Siempre.
El incendio fue el primer golpe.
Esperó a que Annie trajera la cena y colocara la bandeja sobre la mesa. Esperó a que se sentara, esperando ansiosa la nueva página de Misery’s Return .
Luego, con un movimiento rápido, tomó el encendedor que habÃa robado de su cocina y prendió fuego al manuscrito.
Las llamas devoraron las páginas en segundos.
Annie gritó.
—¡¿Qué haces?!
—Dándole el final que se merece.