No tengas miedo
No tengas miedo —Trece por uno —susurra frente al espejo—. Y que el culpable sufra también.
Izzy, sin saber aún a quién busca, pide a Holly que trace un perfil. Ella no duda:
—Es alguien culto. Arrepentido. Silencioso. Y está cerca. Tal vez en sus propias vidas.
Pero nadie sospecha del hombre que comparte cenas con la familia Robinson. Nadie imagina que Bill Wilson no está escondido… sino disfrazado de yerno ideal.
El nombre de Alan Duffrey resurge entre murmullos de culpa y negligencia. El hombre que murió en la ducha de la prisión fue, quizá, vÃctima de una venganza profesional. Cary Tolliver, su excolega, consumido por el cáncer y el rencor, confesó haberlo incriminado. Pero nadie actuó a tiempo.
Izzy y su compañero Tom Atta lo visitan en el hospital. Lo encuentran deshecho, tóxico, maloliente, medio muerto. Entre flatulencias y frases arrastradas, Tolliver lo admite todo:
—Le mandé archivos falsos… lo metà en el registro de delincuentes… pero no era para tanto… no querÃa que muriera.
—¿Y la carta? ¿Quién la escribió? —pregunta Izzy.
