No tengas miedo
No tengas miedo Pero algo en su interior duda. En las madrugadas lo visita el rostro de Duffrey. En el silencio, el eco de su padre. Y en los ojos de Barbara, sin saberlo, la humanidad que aún lo retiene.
Por ahora.
Mayo llega con cielos limpios… y mentes turbias. Stewart, bajo su identidad prestada, ha comenzado la fase operativa. Su justificación moral está clara: no busca venganza, sino equilibrio. Justicia simbólica. Saldar una deuda con la muerte de trece inocentes y un culpable. Un acto que, en su mente, es rectitud espiritual.
Su esposa, Barbara, vive en la ignorancia. Ve en él a un hombre tranquilo, que acompaña, que no discute. A veces melancólico, sí. Pero ¿acaso no todos tienen heridas que no comentan?
—¿Todo bien, amor? —pregunta ella una noche.
—Claro —miente él, con una sonrisa que no le llega a los ojos.
Mientras tanto, Holly se sumerge en registros. Vuelve a leer antiguos correos, agendas, perfiles. La carta de “Bill Wilson” tiene una estructura que no encaja con un fanático improvisado. Usa términos legales, conoce la fórmula de Blackstone, respeta el formato de las comunicaciones policiales. Hay método, hay conocimiento.
