Jumper
Jumper El aire frío del invierno de Stanville lo golpeó en el rostro como una bofetada. Davy apareció detrás de la biblioteca pública, la misma que lo había salvado la primera vez. La familiaridad del lugar no era reconfortante; era un recordatorio de todo lo que había dejado atrás y todo lo que aún lo perseguía.
Miró a su alrededor. La biblioteca estaba cerrada, las luces apagadas. Pero su habitación en la casa de su padre estaba a pocos minutos de distancia. Pensó en su cama, en el lugar que durante años había sido su refugio y su prisión al mismo tiempo. “¿Por qué volviste aquí?”, se preguntó, pero ya sabía la respuesta. No podía seguir huyendo de él mismo.
Decidió caminar, evitando los lugares donde alguien pudiera reconocerlo. Las calles estaban vacías, excepto por las farolas parpadeantes y los murmullos del viento. Cada paso hacia su antigua casa era un golpe de adrenalina y un recordatorio de los gritos de su padre, del olor a whisky y del dolor.
Cuando llegó, la casa estaba en penumbras, y el porche crujió bajo sus pies. Se detuvo frente a la puerta, con la mano temblando sobre la perilla. Su instinto le decía que saltara lejos, pero algo más profundo lo obligaba a quedarse.
